miércoles, 7 de noviembre de 2012

Inteligencia Emocional

Cinco claves para trabajar aplicando la inteligencia emocional.

Una de las principales dudas que se generan en el ambiente laboral es por qué algunas personas son exitosas y otras no, independientemente de su inteligencia. 

Goleman, un psiquiatra dedicado al estudio de las emociones, responde que las personas brillan más por sus habilidades emocionales que por sus capacidades matemáticas. La prueba está en que todos conocemos a alguien que no sabemos “cómo hizo para llegar allí”, y a veces aquel compañero de clase tan inteligente no tuvo en su vida tanto como lo esperado.

Existen muchas evaluaciones que miden el cociente emocional, pero si se aprende a ser un buen observador, se pueden utilizar los 5 pilares que Goleman indica para tener un buen nivel de CE e identificarlos en cada persona de su entorno.

1. Auto conciencia.

Es la capacidad de un individuo de conocer el manejo y control que tiene de sus propias emociones, habilidades y fortalezas. Pero también se refiere al conocimiento de qué habilidades y capacidades reconocen los otros en él.

Una persona que conoce qué manejo tiene de sus emociones, podrá controlar sus desbordes emocionales, evitarlos o utilizarlos en provecho propio.

Lamentablemente, en nuestras organizaciones existe una tendencia a pensar que el hecho de tener personal por debajo en el organigrama da derecho a explotar emocionalmente con exabruptos. La verdad es que entre los empleados lo único que existirá es el comentario de que su jefe está loco, y por lo tanto no darán crédito de lo que se les diga en ese momento de furia.

2. Autoregulación.

Llamamos autoregulación a la capacidad de una persona de aprender, en base a la meditación de las experiencias vividas, el mejor manejo de los impulsos emocionales.

Autoregular es repasar lo que pasó, analizar sobre mis acciones y los resultados que obtuve, y elaborar una respuesta distinta para la próxima vez. Las personas que no autoregulan es probable que cometan dos veces el mismo error emocional.

Los selectores de personal buscamos gente a la que le hayan pasado cosas, las haya asumido y pueda seguir adelante. Autoregular o madurar, son en realidad sinónimos. 

3. Auto motivación.

Es la capacidad de encontrar una motivación interna independientemente de la circunstancia o de los factores externos. Sin esa “fe” en uno mismo, resulta difícil poder convencer a otros de que uno podrá lograrlo.

La auto motivación es una actitud ante la vida y no pueden enseñarse en la madurez si no es a través de una muy efectiva terapia.

4. Empatía.

Ser empático implica entender al otro, poder sentir o al menos imaginarse lo que siente el otro. En términos de inteligencia emocional, es la capacidad de reconocer y prever el impacto de mis acciones sobre la inteligencia emocional del otro y fundamentalmente, es la valorización de ese impacto. Decirlo parece sencillo, pero nuestras organizaciones están llenas de conductas no empáticas.

Esto implica pesar las palabras con la misma balanza con la que lo pesará nuestro interlocutor.

5. Habilidades sociales.

Todos poseemos habilidades sociales, pero una persona contará una ventaja competitiva si es capaz de relacionarse efectivamente con los otros para lograr inducirlos a la acción o pensamiento requerido.

Las reacciones de los demás ante nuestras propias acciones se aprenden desde la familia y se “practican” o ponen a prueba durante toda nuestra infancia. Mejorar las habilidades sociales requiere observación y práctica, pero por sobre todo, lo que más sirve es aprender de quienes las manejan a la perfección.


Una amiga me enseñó la frase “Se hace bien lo que se practica, por eso ¡cuidado con lo que practicas!” y es realmente cierto. Si practicamos ser hostiles, seremos expertos en hostilidad. Si practicamos la amistad, seremos expertos en relaciones sanas. Si practicamos la impaciencia, seremos expertos impacientes. ¡Cuidado con lo que se practica! 

Por Lic. Alejandra Figini, Directora GI Group Argentina

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