martes, 16 de julio de 2013

Una sola vela

Imaginemos una habitación en oscuridad llena de velas, pero sólo una de ellas está encendida. Imposible ver con claridad en un lugar así. 

Pero si con el fuego de esa vela se encienden las demás, poco a poco esa habitación se iluminará y llegará a haber tanta luz que podrán observarse todas las cosas con gran claridad.


Eso mismo ocurre con la fe. Si nuestro corazón está apagado, ¿qué podremos decirle al mundo? 

Pero si alguien con un corazón encendido prende a los demás, tendremos toda una
propuesta a este mundo cansado y sin aliento. Sólo un mundo con fe pensará diferente y actuará diferente, ya que solamente la luz de Dios, que se ha transmitido a tantos corazones encendidos de amor, iluminará todas las zonas oscuras de nuestra vida...