sábado, 29 de septiembre de 2012

¿Cómo aprender a decir “no”?

Una de las causas de conflictos e insatisfacción en nuestras relaciones con otras personas, es hacer cosas que no deseamos y que a veces hasta nos afectan, por no atrevernos a decir NO.

Todos nacimos con una capacidad natural para expresar lo que deseamos, sentimos, necesitamos y pensamos. Observemos a los niños pequeños, siempre están mostrando de una manera congruente y honesta lo que necesitan y sienten, pero al crecer pierden esa capacidad natural, debido a que cuando expresan algo que no les agrada a los adultos, son rechazados o castigados.

Así, el niño aprende que para mantener el afecto y la aceptación de sus padres y de otros adultos importantes para él tiene que reprimir sus sentimientos y necesidades, o mentir respecto a ellos. Los padres deben poner límites muy claros y firmes a su hijo, pero al mismo tiempo mandar el mensaje de que cuando manifiesta lo que siente y necesita, no dejan de amarlo.
 
Cuando nos volvemos adultos, es sumamente difícil mostrar lo que sentimos, pensamos y queremos, por ese miedo infantil que nos hace creer que si lo hacemos nos van a criticar, desaprobar, rechazar o abandonar, y por ello aceptamos o hacemos cosas que no deseamos, aunque paradójicamente ése es el mejor camino para echar a perder una relación, ya que cada vez que hacemos algo que no queremos vamos acumulando frustración, coraje y resentimiento hacia la otra persona y hacia nosotros mismos.

Empieza por darte cuenta de que hagas lo que hagas, seas como seas, pienses lo que pienses, digas lo que digas, SIEMPRE habrá alguien que te criticará y desaprobará. Por otra parte, está más que comprobado que – aunque no lo muestre – en realidad la gente admira, aprecia y respeta a aquellos que se atreven a decir NO cuando así lo desean.

Muchas personas suponen que decir NO es por fuerza un acto grosero, que va de la mano con la agresividad. Esto es un error. Ese NO puede ser dicho con amabilidad y respeto, y siempre es, sin duda alguna, un acto de honestidad.

Aunque es tan sano aprender a decir NO, a veces nos parece muy difícil y no encontramos por dónde empezar o cómo hacerlo. En lo personal me fue sumamente útil leer, hace ya varios años, el libro Cuando digo no, me siento culpable, de Manuel J. Smith, el cual recomiendo ampliamente. En esta obra, el autor propone valiosísimas herramientas para aprender a ser asertivos. Una muy simple pero tremendamente afectiva para decir que NO cuando así lo deseamos, es la que llama “mensaje yo”, el cual combina tu decisión con tus razones para decidir eso.


Veamos un ejemplo:

EL OTRO: Quiero que me prestes tu coche.

TU: Prefiero NO prestártelo (estás expresando que tu decisión es NO). Es que cuando presto mi coche me angustio (estás expresando tus razones).

EL OTRO: Pero te lo voy a cuidar mucho.

TU: No dudo que me lo cuidarías mucho, pero cuando presto mi coche me angustio.

EL OTRO: Pues qué raro (tonto, ridículo, egoísta, etcétera) eres.

TU: Posiblemente lo sea, pero qué quieres que haga, cuando presto mi coche me angustio (estás afirmando, validando y respetando tus sentimientos y tu decisión).


Y así, ante cada crítica o insistencia de la otra persona, tu respuesta será la misma. No des excusas como: “No trae gasolina” o “Lo necesito para recoger a mis hijos”, porque no es la verdad y porque esto ocasionará que el otro te vaya “atrapando” con respuestas como: “Yo le pongo gasolina” o “Después de que recojas a tus hijos”, hasta que no tengas más alternativa que prestar el coche, quedándote con toda esa frustración y rabia hacia ti mismo y hacia el otro.
Rescatar nuestra capacidad innata de ser honestos y congruentes nos recompensará con la agradable sensación de tranquilidad y bienestar que da el ser leal a uno mismo y honesto con los demás.